Costa Rica, cuna para la innovación ambiental.

Producto de las causas y efectos del cambio climático, nuestro entorno ha sido modificado afectando directamente a la economía, pero lamentablemente nuestras decisiones siguen siendo las mismas sobre el tema.

Ahora, donde usualmente llovía ya no llueve, donde hacía frío hace calor y donde se esperaban grandes cosechas, existieron grandes pérdidas económicas, y este fenómeno climático aplica para la mayoría de países del mundo.

Todos estos cambios en el clima influyen directamente sobre nuestras actividades económicas y repercuten de alguna forma afectando la capacidad productiva de la economía mundial.

Estudios realizados a partir de reconocidas instituciones internacionales, afirman que el “costo” social y ambiental de una tonelada de dióxido de carbono generada por actividades humanas directa o indirectamente, ha incrementado en menos de 3 años en un 66%; pero las grandes preguntas son: ¿Hasta cuando el ambiente va subsidiar los daños irreversibles al ecosistema ocasionados por la voluntad del hombre y su forma de hacer economía?, ¿Hasta cuando vamos a tolerar un modelo económico que no valora ni integra el valor financiero de nuestros daños ecológicos como de los servicios ambientales que nos presta el planeta?.

Las respuestas más atinadas quizás sean: hasta que sean escasos los alimentos y los recursos naturales, hasta que no podamos respirar por las calles, hasta que el agua tenga un mayor valor que el petróleo, hasta que nos multen por el daño ecológico que hay detrás de nuestras necesidades de consumo.

La carbono neutralidad organizacional nos permite como empresas e instituciones ir gestando este gran cambio de forma preventiva y correctiva, incluyendo el hábito de valorar económicamente nuestros impactos al medio ambiente y nuestros esfuerzos por mitigarlos, logrando remediar a través de acciones concretas el antiguo paradigma de la economía donde le dábamos la tarea a la propia naturaleza para que se encargue de los problemas ambientales ocasionados por las actividades del hombre.

Las mayores fuentes de polución que generan gases contaminantes y que contribuyen al calentamiento del planeta siguen siendo: la deforestación desmedida y la dependencia hacia los derivados del petróleo como fuente principal de generación de energía.

Países como Costa Rica y Alemania se han planteado metas concretas para alcanzar modelos económicos bajos en “carbono”.

Por su lado Costa Rica se ha planteado convertirse en el primer país “carbono neutral” del mundo para el año 2021.

Aunque el reto fue una promesa de gobierno bastante comprometedora y sin previa meditación sobre las implicaciones: técnicas, políticas, sociales y económicas que debía asumir el país para lograr esto, Costa Rica se puso en punta de lanza en materia ambiental, demostrando liderazgo y compromiso en temas ambientales a nivel global.

Existen actualmente diversos estándares o normas de referencia internacional, que facilitan la identificación y el control de nuestros impactos al medio ambiente como organizaciones del sector público y privado.

En el 2011 el gobierno de Costa Rica compartió por primera vez al sector económico la primera norma nacional voluntaria para demostrar la carbono  neutralidad a nivel de empresas e instituciones públicas.

La norma que demuestra el compromiso con la meta del 2021, lleva el nombre de                             “INTE 12-01-06:2011”, y está disponible para todo tipo de organizaciones a través del Instituto de Normas Técnicas de Costa Rica o la Dirección de Cambio Climático del país. La misma fue producto de un esfuerzo entre diversos sectores del país y especialistas en la materia, obviamente considerando el esfuerzo previo realizado por otros expertos a nivel internacional (normas de referencia) en el tema.

Esta normativa o estándar invita a toda: empresa, ONG o institución de gobierno, a que año a año puedan reportar sus emisiones, reducciones y compensaciones de gases contaminantes, considerando la implementación de la norma nacional.

Para esto es importante que las empresas e instituciones: identifiquen el consumo de combustibles fósiles en labores de transporte o generación de electricidad; que controlen la compra de gases refrigerantes para sus sistemas de aires acondicionados; que mejoren el consumo de electricidad dentro de sus procesos, que reduzcan la cantidad de residuos sólidos generados y que suelen terminar en emplazamientos donde no tienen tratamientos responsables;  que busquen mecanismos para controlar las aguas residuales; que mejoren su desempeño ambiental a medida que generan ahorros económicos y oportunidades en un mercado verde en crecimiento.

Todo aquello que se mide en la huella de carbono, y que no se logra reducir, debe compensarse a través de acciones de reforestación, conservación de bosques o compra de créditos de carbono a una entidad acreditada.

¿Si te preguntas porqué se siembran árboles o se protegen bosques para compensar las emisiones excedentes de una organización?, la respuesta es porque simplemente los árboles a través de su interacción con la luz del sol o proceso de fotosíntesis, tienen la capacidad de aprovechar el dióxido de carbono que se contiene en el aire, absorbiendo el carbono y liberando el oxígeno.

Esto significa efectivamente, que los bosques tienen la capacidad de remover el carbono que por otro lado las organizaciones generan como contaminante.

Por eso las organizaciones del sector público y privado tienen el deber de involucrarse con la conservación de los ecosistemas.

Para certificarse carbono neutral las organizaciones necesitan: identificar un año base para evaluar su desempeño en años posteriores sobre la huella de carbono, conformar un comité responsable de sostener el proceso en el tiempo, identificar las fuentes de contaminación dentro de la operación del negocio o actividad, generar propuestas para mitigar los impactos ambientales, para generar ahorros operativos y por último compensar con la conservación de bosques, todas aquellas emisiones que que no se lograron reducir.

Todo esto tiene que ser verificado por tercera parte y luego ser registrado el proyecto en la Dirección de Cambio Climático de Costa Rica, para que se le pueda otorgar a los empresarios y/o políticos el sello “Carbono Neutral” del Programa País, esto como reconocimiento por compartir la visión de transformar el país en una economía baja en carbono.

Las organizaciones más creativas también le sacarán provecho al hecho de comunicar a sus clientes sus esfuerzos ambientales como un elemento para diferenciarse en un mercado que cada día es más competitivo, y donde en materia de ambiente, hay mucho por competir y trabajar en sinergia entre diversos sectores industriales.

Ser una empresa carbono neutral es: medir, reducir y compensar todos los años las emisiones contaminantes que genera mi negocio  o actividad económica, apuntando hacia el desarrollo sustentable.

Los esfuerzos de las empresas actualmente son voluntarios en esta materia, sin embargo la regulación internacional tiene la visión de que quizás algún día todo lo que hace Costa Rica en temas de eco-eficiencia y conservación, sea funcional y replicable en otras economías a escala.

Sin lugar a duda Costa Rica está ante los ojos del mundo, pero también las organizaciones antes los ojos de consumidores que día a día le suman valor al esfuerzo que hay detrás de bienes y servicios con una baja huella de carbono.

Juan Claudio De Oliva Maya  |CEO & Founder|  GreenLook

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